Sí o sí, leemos a José Agustín

 


Este 23 de abril del 2024 será leída en Jalisco, la novela: Ciudades desiertas, escrita por el mexicano José Agustín Ramírez Gómez, escritor reconocido por su indiscutible trayectoria profesional como coordinador de talleres literarios, productor, conductor y guionista de programas radiofónicos y televisivos, ensayista; quien fallece el 16 de enero del 2024 a la edad de 79 años, en Cuautla de Morelos.

En Jalisco, la iniciativa de lectura surge desde el 2002; son ya 22 años de realizar la tradicional lectura en voz alta de la novela seleccionada para realizar lectura espejo, llamada así porque se convoca a leer en voz alta de manera simultánea en diferentes sedes o lugares dispuestos para ello. Sin entrar en detalles o deseos de hacer polémica al mencionar si esto es una iniciativa exitosa o imposición del organismo tan importante, brazo derecho y nutrido de la Universidad de Guadalajara, la Feria Internacional del libro (FIL) convoca a través de sus redes sociales en un plazo breve, donde habitualmente se presenta una terna con tres novelas y escritores para ser votados, elegidos para ser homenajeados y leídos en esta fecha de festejo lector.

En esta ocasión, al indagar en redes sociales, se comenta que solamente se postularon dos novelas, pero del mismo Autor, y no es que se tenga algo en contra de José Agustín, de quien hablaremos más adelante; sino que partiendo de la justificación que se encuentra en internet, elegir la obra de este escritor, ha sido debido a su reciente muerte, el 08 de enero se nos fue José Agustín. Pero luego se me vino a la mente y muchos dirán: otra vez la burra al trigo, pero…¿y Cristina Pacheco? Se adelantó sólo por unos días a José Agustín, ella se fue el 21 de diciembre de 2023, escritora, periodista, ensayista, excelente narradora, ¡claro que no se trata de una competencia!, solamente lo menciono por aquello de las frases que se dicen y enarbolan desde las instituciones y la cúpula intelectual con palabras que hablan de visibilización, equidad, igualdad de género, entre otras muchas. Mismas que invitan para hacer un recuento de las lecturas en voz alta y homenajes a los diferentes escritores importantes y exitosos, dignos de ser leídos (algo que no está a discusión) donde podemos observar que en un historial de 22 autores, solamente a tres mujeres hemos leído en un periodo de 22 años y han sido en el siguiente orden: 2013 Jane Austen, con Orgullo y prejuicio,  2016 Mary Shelley con Frankenstein y apenas el 2023 a Elena Garro con su novela Los recuerdos del porvenir; hago mención por aquello que se dice mucho sobre el hecho de tomar en cuenta a las mujeres en todas las áreas, que es un tema que luego se usa de bandera sólo durante el mes de marzo y cuando conviene estar hablando de equidad e igualdad incluso desde sedes, instituciones educativas, gubernamentales o no, en turno. Ahí lo dejo entonces.

 El asunto es que este 23 de abril se leerá Ciudades desiertas de José Agustín, que fue más votada que su otra novela: La tumba. José Agustín, escritor acapulqueño, nació en guerrero; conocido por sus diferentes publicaciones y literatura identificada en un género llamado: literatura de onda, apartado en la literatura o clasificado en un tiempo, estilo y espacio por la reconocida escritora y ensayista Margo Glantz en un texto que publica bajo el título de Narrativa joven de México (1969) y donde de manera despectiva en ese momento histórico, utilizó el término de literatura de la onda para ubicar los textos de en aquel entonces, joven escritor, rebelde rocanrolero (palabra quizás en desuso) y contracultural que fue Agustín, con la onda psicodélica, la libertad sexual y la necesidad de mirar al exterior ya sea para criticar o  renegar de lo nacional y lo extranjero. José Agustín fue considerado uno de los máximos representantes de este apartado en la literatura, lo cierto es que, con su lenguaje rudo, cotidiano, en sus novelas crudas, se abordan temas y aparecen personajes libres para expresarse así, sin más, al natural, como es, en la onda de esos tiempos.

La novela Ciudades desiertas fue calificada en algún momento de emancipadora, por hablar de amor libre y del verdadero amor en una pareja. Es importante tomar en cuenta que para leer, lo sugerido es identificar al autor o autora en cuestión, después ubicarlo en su contexto, en el espacio-tiempo en que fue escrita la novela y entonces, entender que el escritor o escritora pensaron y externaron ideas basadas en una realidad concreta, siendo una expresión que obedece a un momento artístico del creador de la obra, para entonces adentrarnos en la lectura para disfrutarla y no sufrirla o juzgarla por decir o estar en contra de lo que hoy somos, pensamos o creemos.

Ya que estamos dispuestos a leer literatura de la onda (de los años sesentas, aclarado el punto) Ciudades desiertas, considerando que la literatura tiene una función social, podemos quedarnos con el hecho de disfrutar y conocer lo que alguien se sentó a escribir y compartir hace sesenta años; nos abre un panorama importante para entender cómo evolucionamos hombres y mujeres en nuestra manera de pensar, descubrir acaso; un sentido de identificación con algún personaje, situación o incluso, con el mismo autor. La novela de José Agustín pone como protagonistas un matrimonio de jóvenes mexicanos, que viven una apasionada historia de amor, libertad sexual, las relaciones de pareja, sus aventuras por los Estados Unidos, la concepción que ambos tenían de la familia y el amor que se profesan Susana y Eligio en analogía con Orfeo y Eurídice.

José Agustín era todo un rebelde ¿Tú cómo lo verías ahora? Actualmente existen conceptos muy diferentes sobre las relaciones de pareja, la libertad sexual no se diga; en aquellos años no se hablaba, por ejemplo; de responsabilidad afectiva. Es a través de la lectura que tenemos la posibilidad de hacer análisis críticos para entender nuestro entorno no sólo en el conocimiento de escritores y escritoras junto con su producción literaria, la participación de la mujer como escritora o protagonista de una historia sigue siendo motivo de lucha, sigue faltando mucho para que las mujeres en materia de libertad, ejercicio profesional y visibilización alcancemos mayores espacios donde podamos ser tomadas en cuenta, que no tengamos miedo de hablar de feminismo para ser reconocidas en todos los aspectos y áreas de la vida, eso también depende de nosotras mismas.

Sobre el lenguaje utilizado en Ciudades desiertas, que en algún momento fue tachado de banal, coloquial e irredento, pensaría necesariamente en las expresiones idiomáticas generacionales que están con significados temporales y que cambian necesariamente con el uso y desuso de las nuevas generaciones, que por principio de cuentas, cualquier joven actual, tacharía de lenguaje de viejitos las expresiones encontradas en Ciudades desiertas, pero bien valdría la pena que a propósito de ternas y votaciones, consideremos en caso de no estar de acuerdo con la lectura elegida para ser leída el 23 de abril en Jalisco, participar más, leyendo más. No cabe duda, leer es un acto de libertad.

Que leer no quede únicamente en el acto literal de pasar la mirada sobre un conjunto de letras, que la lectura en voz alta no se concentre en lo mal pronunciado de la lectura misma, que el corazón y las mentes nos escuchen desde la lectura en voz alta.


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